Eres
un bello crimen de gestos y antiguas ternezas,
como apropiada la llave a una puerta salvaje.
Tu corazón
tintinea donde el amor duele.
Hay beatitud en los senos que santifico y celebro.
De noche,
cuando admiro el sexo de hilitos rojos,
pasea el descaro si abres un muslo, y el otro.
La frente del pubis,
por el horado, un quimerista circula
dulce, si fluyen lágrimas.
¿Acaso Hades sabe de ella en mí
a cielo abierto y en retirada?
¿Otrora la lira de Dios no se vistió de laureles
cual círculo del yo en ella?
No temo.
Con pausas de cuerpo, alma y semblante,
es lisa corteza y hoja de mis palabras.
Ahora,
abre tu alma y tu oído al son de mi prosa,
y como Verlaine, cantaré al leteo de tu cuerpo.
El grito
saldrá de tu boca, es la boca que dibujó mi dedo,
alimento que Hades obsequia al placer que reclamo.
Un incendio
en mi cerebro agosta lo que soy.
Elegía del infierno, poeta y loco.
Una mujer tiene una flor en la mano.
Y muero.
Norberto Aige Marinelli
(Derechos reservados)
(*) (Hermoso)
“Fue Rimbaud, en los Iluminados, que aventuró la palabra como licencia poética. Yo sólo la tomé prestada. El caso es que hablé con una adolescente partida de la noche, pagué sus honorarios y me llevó hasta donde Caronte me lo permitió. A Dios lo menciono porque necesito de un testigo. Él, la conoce tanto como yo ahora; al fin de cuentas me hizo de un tirón vibracional, soy partícula de su sueño (o “de un coágulo” como dice el Corán), y cómplice de sus desmanes. Aún sostengo que no toda la mierda del mundo puede ser culpa del hombre; como también, que toda la falta de amor en la esfera tenga que ver con el dogma, sino con el homo-ignarus. Elijo morir con ella en una cama de Hades, que vejado o empalado por gentiles de Isaías”.
Desnuda,
descansa satisfecha su existencia gris
en sábanas de hojarasca,
¡Lagar perecedero!
El vientre,
dispuesto y sensual,
aún no ha sido desvelado
y reclama maternidad.
Los senos,
jaspeados y como boleros,
se erigen prolijos,
eternos y suaves, sospechosos.
El lienzo,
respira y consuma la espera,
y me repinto con alabanza infinita.
Hay lugar para dos.
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Norberto Aige Marinelli
(Derechos registrados)
Nota del autor:
Me impactó la pintura; dos hombres vestidos de época y ella desnuda, con el estío en la piel y en los ojos, una poca de deseo sublimal...la muy etérea. No recuerdo si era la amante de Monet o de Manet (aunque juro que estuve ahí), pero no es ese mi mayor desvelo, sino el no haberla poseído más que con la mirada y el Yo de mis sueños.
La envoltura del aire perdió si inocencia
y con la niebla contaminaron la luz.
A la cámara de gas va la mariposa
y el hombre lleva una máscara a la flor.
La masa inteligente es una ilusión profanada
son dogmáticos y diletantes los grupos intoxicados.
El último acto fallido con forma humana,
como delirio sensual del artista liberado.
Eternizado
en el cuadro de Dalí,
y verbo
en el Apocalipsis de Sábato,
envenenada
la naturaleza que era mi interior,
besa mi muerte,
la vida con aliento
Norberto Aige Marinelli
(Derechos registrados)
Nota del autor:
A Sábato no le perdono que no se haya perdonado. Vos, ellos, y yo, aún andamos bifurcados por "El Túnel" y somos "La Resistencia" contra la hipocresía hasta que llegue la hora "del no tiempo". A Dalí no le perdono que no se haya rebanado una oreja pero si mofado de su talento. Que decir de los gentiles de Isaías (dueños del mundo nominal) que se pasan la vida quejando. La esfera está demasiada resquebrajada para abandonarla con todos los vivos que halitan de sus muertos.
Hay un día,
una plaza que se mueve
en el sibilino sendero de la danza,
sin consuelo, sin codicia,
y las rosas de los pechos
decoran a pinceladas el cromo de la tarde.
Hay un día,
una sonrisa que no se ufana en el giro
de las últimas palomas que envidian
un círculo de pañuelos,
o de la cellisca que cae taciturna
como maná de inciensos,
y la vida en presente es un memorial de ensayo.
Hay un día,
una intolerancia que es inicio de una guerra,
delirio que nos ata a la barbarie,
pecho y piel con forma de escudos,
sin el oprobio de ser un desvalido,
el resquicio de un sentido último,
y la miseria con lágrimas de tanta lisura.
Hay un día,
una lucha con espadas de sueños en jueves,
de los brazos al corazón de la leche
que brota de las montañas,
el espíritu blanco que no muere,
cual alimento de angustias, amor y locura.
Norberto Aige Marinelli
(Derechos registrados)
Nota del autor:
Me dijeron que este poema está expuesto de la Casa Abierta de Madres de Plaza de Mayo (Bs.As). No sé, todavía no me hice tiempo (léase; coraje) de comprobarlo, de olerlo, y de pedir perdón. Creo que fue Pessoa quien dijo. "soy poquita cosa, casi nada..."
(1º Premio Nacional de Poesía-Arg-2003)
¡Dejadme que me desmadre!
Soy el indivisible operario de la masa,
La paciencia privativa del templador,
El destructor verbal de una opereta.
¡Dejadme que me desmadre!
Soy el miedo tornadizo de los cristales,
La imantada mano busca baldosas,
El díscolo mascullante de mil rencores.
¡Dejadme que me desmadre!
Frente a frente, orden el desorden,
Dos en dos, cien por mil,
La mano desobliga la espera,
La angustia desmoviliza la mano.
¡Dejadme que me desmadre!
Oíd el desgarrado grito sagrado,
Oled la represiva niebla lacrimosa,
Sentid la reprimida sangre venirse en marejada,
Y mirad como se corrompen prolongadas cadenas.
¡Decidme, clamoreo!
Que aún tengo bandera
Norberto Aige Marinelli
(Derechos registrados)
Nota del autor:
La sociedad tiene su genética, y el hombre, enfermo y carenciado, contamina por lo que es: un defecto de fábrica. El Che, tenía un sueño como hipérbole de su gesta; recrearnos con "el hombre nuevo". Nunca se logrará bajo dogmas fundamentalistas sino reiventándonos con las artes y las ciencias. "Una verdad que tarda es una mentira que nace", y si me destardo en golpear puertas de los templos, es porque no creo en los hombres sin "sueños" desmentidos.